Voy a poner un poco de orden en un suceso tan poco conocido como aquel por el cual se dio origen a todo lo que conocemos y desconocemos. A la parte que no se sabe por ignorancia y a la que nos ha sido ocultada por intrincados y complejos intereses.
¿Al principio que había? Nada,
Todo comenzó, iba a decir un día pero no puede ser porque tampoco existían los días. Sencillamente diré que comenzó. Sucedió que fue tal la presión que generó esa nadería contra las vastas fronteras del infinito que la sustancia primigenia se desbordó provocando reacciones en cadena del tamaño de la bellota. Explosiones para las que no existen palabras. No como explotamos nosotros cuando un niño se pone borde, cuando la parte contraria o cónyuge se encabrona; no de esa manera en la que perdido el control nos cargamos desde un jarro de cristal a un país (últimamente musulmán) en función de nuestras posibilidades. Esa explosión fue el origen de todo y si quieres seguiré y sabrás como fue. ¿si?
Una luz, una brillante fuente de energía , de materia y antimateria a partes iguales, a este ser, creador de todo incluso de si mismo lo cual ya es sospechoso; que mira tu los caracoles y las babosas ¿que son? pues hermafroditas; decía que podríamos llamarle Manolo, Juana, Homer, .... pongámosle Qwerty. También podría llamarle Dios pero eso alinea demasiado el tema de las religiones y yo con la iglesia no quiero conflictos. Les podría dar por excomulgarme unos, aplicarme la saria los otros, o hacerme blanco de una banda de fedayines del pueblo. No, mejor no.
El caso es que al principio Qwerty ocupaba todo, pero todo, todo, todo.
Y no es que fuera gordo, es que era inmenso y como era muy alto, tan alto que para verle la cúpula interna de un poro de la planta del pie desde el suelo, habría que mirar al infinito. Eso es un símil, claro. Además de alto y grueso estaba hueco, una horizonte hacia adentro sin línea, una ausencia de límites absoluta y vertiginosa ocupaba su interior y ese hueco o ausencia es lo que llamamos “el vacío”. Además están los “agujeros negros” y ese otro pero de eso prefiero no hacer comentarios.
El caso es que la inmensidad de Qwerty era infinita y muy exuberante por cierto. Siendo como era, en su aburrimiento se hizo masculino y femenino a la vez. Podría decir sin riesgo a equivocarme que en su magnificicencia y con ánimo ejemplarizador se hizo a si mismo con lo mas exagerado, apetitoso y sugerente que se podría uno imaginar en cuanto a atributos de ambos sexos.
Es de imaginar que algún día o momento de los millones de mil milenios transcurridos consigo mismo algo pasaría con su condición ambigua y su aburrimiento. Y fue así como en su soledad paso lo que pasó y es curioso que fuera así, de la nada, sin modelo, sin una referencia. En todo caso y relativo al posterior desdoblamiento de atributos siempre me quedará saber como hubiera sido si una vez desdoblados los cuerpos, los cerebros también estuvieran intercambiados.
Pero tampoco voy a entrar en esto.
¿Que tenemos? A Qwerty solo, aburrido, solo como un torero en la bolsa de Tokio. Además, ve que le han salido unas cosas por un lado y unos agujeros por otro. ¿que hace? Explorar, tocar, husmear y ohh!!! Ah!!! Mmm..!!!
En fin, ¡pues lo que pasa!, lo que le pasa a todo el/la que comienza a descubrir su cuerpo y siente “cosas” que le dan “corrientes”, además sin sentimiento de pecado. El sentimiento de pecado no existía, así que imaginar lo que se puede llegar a hacer con imaginación, juventud, disponiendo de uno, en este caso dos cuerpazos y sin tener un ápice de pecado.
Basta!!! Ya basta!!!! ¡¡Qwerty nunca tenia bastante!! Ni una madre que le dijera que aquello no estaba bien, nadie que le dijera que si se tocaba se le secaría el cerebro o iría al infierno. Un infierno que por aquel entonces estaba vacío. Que iba a saber él ¡por favor! En una noche eterna en la intimidad mas absoluta y oscura, Qwerty se retorcía en espasmos originando temperaturas de magnitudes incandescentes que pasaban del negro al rojo y después al blanco y del blanco al negro y del negro al blanco y vuelta a empezar. Es esos puntos álgidos de la búsqueda interior explotaba dentro de si mismo, la realidad se distorsionaba, lo inabastable, la materia, el tiempo y el espacio de separaban para juntar y volverse a inventar, y en el mayor y último estremecimiento de si mismo se retorcieron los cimientos inexistentes de su todo, y un fogonazo inundó el vacío ignoto de un Qwerty gozoso, solitario, padre y madre de si mismo.
Una súbita corriente de esencia básica mil veces mil iluminada, se expandió hasta el último rincón de su interior.
La fuerza del placer encendió de vida a Qwerty y durante el tiempo que duró, briznas palpitantes de su esencia, con todo el futuro por delante se deslizaron sobre y entre los esparcidos fragmentos en su explosión de amor.
Hoy, mientras veo la vida pasar y todo esto recuerdo, encuentro que a fin de cuentas nosotros también somos parte de aquel Qwerty inconscientes de nuestro origen en busca del placer. Partículas de vida que se relaciones con semejantes de un mismo origen, partes de un todo en un viaje con billete de ida y vuelta en el cual lo único que cuenta no es hacia donde ir, pues nuestro destino está escrito de antemano, precio a nuestra existencia consciente, si no como hacerlo y con quién, preguntándose para que.
La tradición nos hace mirar al cielo sin buscarlo en nosotros mismos y en nuestro alrededor. Los habitantes de las selvas, de las praderas, de los bosques, de los hielos, de las montañas, todavía ven la esencia de ese todo en todos los seres vivos y conocen en ello su origen y su destino. Como dice un buen amigo todo está en nosotros pero no lo sabemos.
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