Después de muchas horas delante del ordenador queriendo poner orden en mis notas, apuntes, pedidos, solicitudes, consultas, acciones, interacciones, posibilidades, prioridades, correos, recomendaciones, respuestas, envíos y re-envíos, reclamaciones, quejas, buenas noticias, malas noticias, noticias sin interés, papeles, carpetas, lápices y bolis… ; ya no sé si es el calor, la rutina, las horas pasadas maquinalmente, o el abatimiento ante todo lo que acontece desde que me despierto hasta que me acuesto y pierdo el sentido; pero esto cansado. Mis cervicales ya no son las mismas.
No cada día, pero a veces siento el día amanecer como una ola creciente llevándome en su pendiente sin freno en precario equilibrio como si fuera sobre una tabla encerada a la velocidad del vértigo que me imponen circunstancias bien o mal entendidas, seguramente mal, pues “no puede ser que esto me esté pasando a mí”. Eso es lo que me digo a medio afeitar con cara de asombro frente al espejo. Y ahora a estas horas de la tarde, a veces miro hacia atrás y anunciando en lo alto, intuyo la cresta acumulada de espuma bullente que un día se romperá contra la lápida en la que el destino escribió ya cuando nací, “Aquí yace uno que llegó preguntando ¿Y ahora qué?”.
Por hoy he acabado, me voy a nadar contra corriente a ver hasta donde llego.
28 jun 2008
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